Desafío, equipos y guerreras
Estoy en el día después. El día después de darme cuenta que los límites solo existen en tu cabeza, el día después de saber que formas parte de un equipo excepcional, de darme cuenta que cada persona de ese equipo tiene una cualidad que complementa al resto y juntas somos invencibles, y cómo no, de darme cuenta que aún a mis cuarenta me duelen músculos que desconocía que estuvieran en mi cuerpo.
Toda la aventura empezó por Aurora. La pequeña del grupo quería probar algo nuevo, y ¡cómo íbamos a dejarla sola! Así que ahí nos lanzamos Paloma y yo de cabeza, y luego se unieron Vero y Ana.
En las siguientes semanas hubo mucho de: que si hay que hacer dominadas porque si no nadie va a ser capaz de subir la cuerda, que si nos apuntamos al entrenamiento de este sábado para darnos cuenta de que esto no parece que vaya a ser tan duro, que si lo desconocido nos aterra, que cómo serán las pruebas, que qué me pongo, que no te olvides los guantes, que mete muchas bolsas de basura para la ropa con barro.
Y allí estábamos, a las 9:30 de la mañana del pasado domingo, después de un sábado donde no parecía que fueran a cerrar el grifo de la lluvia, con un sol radiante y un frío igual de potente. Las cinco, abrigadas hasta las orejas, corriendo a por nuestros dorsales, poniéndonos el chip, organizándonos para subir los muros, pensando que estaríamos mejor tomando un café calentito con tostadas, Manolo ve y mueve el coche que cuanto más cerca mejor, vamos a hacernos una foto...y llegaron las 11:00. Nuestra hora de salida.

El grupo de las once estaba formado por gente genial. Una regla muy clara: no se deja a nadie atrás. Y se cumplió a raja tabla. Todo el mundo ayudaba a todos.

Pistoletazo de salida y el primer obstáculo un muro con agua...y ¡qué agua! Sucia y helada...y así comenzamos la carrera. Después vinieron muchos más; bajar y subir pendientes llenas de barro, reptar bajo alambradas de espino sobre un terreno con barro como el que sale en las películas de marines norteamericanos, equilibrio sobre troncos, correr entre ruedas, atravesar contenedores de obra llenos de agua helada, atravesar piscinas de agua cerradas con rejas en las que solo podías asomar la nariz, subir muros ayudándote de una cuerda, pasar por tuberías, escalar por una red...todo lo que te puedes imaginar, todo lo que crees que está por encima de tus posibilidades físicas, y todo lo que ahora, al mirar atrás, te hace ver que los limites te los pones tú. Solo hay que tener ganas. Eso que dicen que lo mejor está fuera de tu zona de confort es cierto. Créeme.
Sin duda alguna la prueba fue muy divertida. Formar parte de un equipo como el nuestro, pero lo mejor sin duda lo refleja esta foto. Esto es trabajo en equipo. Esto es un equipo. Un equipo que se ha formado unidas por las ganas de entrenar y que se ha ido haciendo cada vez más fuerte y con más cosas en común.
Así que con ellas disfrutaré de muchos más ratos como estos. Y este post, sin duda, es para ellas.

